jueves, 7 de junio de 2012

Cambios en la gradiente

A veces me resulta hermoso, pero a la vez muy cruel, mirar como todo esta manso y tranquilo, y de pronto, eso todo pierde su estabilidad, y llega el gran caos necesario para crear los impulsos. Sin ese caos, no hay fuerza y sin esa fuerza no hay amor que sobreviva al llanto. No estoy hablando de religiones, estoy hablando del hombre en su espacio, en su tierra, hablo de los átomos, más bien de la materia, de las membranas. Del agua. No hablo del caos en el sentido anárquico, sólo digo que en la ruptura de la gradiente no puede existir orden que romper, porque no hay orden. Allí sólo está el mundo, bueno, y nosotros, listos para trotar nuestros mil ochocientos metros planos de derrotas ocasionadas por el cambio en la gradiente. Cuando dices "ya nada más", no para, cuando dejas de existir, no para. La solución es aceptarlo y pensar en que nuestra mente se rige por eso, porque somos parte de ese impulso, es la simple y compleja naturaleza. Cuidado con los reyes de los bosques y de las aguas y de la tierra, ya parecemos maestros del puto tarot. Maldita mente del ser humano, malditos sentimientos y sentimentalismo. Maldecir, ya llegamos al extremo. Al extremo de miles de extremos que flotan en nuestras cabecitas.

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